Esta novela es una de las más importantes dentro de la obra de éste genial escritor perteneciente a la generación del 98, también fue una de las últimas junto con San Manuel Bueno y Mártir.
Está escrita en tercera persona, consta de veinticinco capítulos, y todos ellos son cortitos. Se lee de un tirón.
A mi me dejó cierto sabor amargo cuando terminé de leerla, es triste, y me da rabia que una mujer como Tula se niegue a si misma un poco de felicidad, una felicidad a través de dar y recibir amor a otra persona que no sean sus sobrinos, en este caso a su cuñado Ramiro.
Pienso que Tula tiene una coraza para defenderse de algo muy profundo, algo que no llegas a entender del todo, se pasa la vida en un continuo enfrentamiento entre los dictados de la razón y los del corazón.
Esta totalmente influenciada por la religión, creo que es lo que más le preocupa en su vida, eso y el amor y la educación de sus sobrinos, siempre dentro del amor a Dios.
Quizás Tula, a su manera, fue una mujer realizada plenamente aunque siempre a través de los demás. En el fondo fue una madre virgen.
La novela hace una descripción psicológica brillante, con total protagonismo de Tula y Ramiro.